junio 06, 2011

ENIGMAS: La verdadera historia de los ataudes de Edimburgo


Dada la avalancha de visitas que ha sufrido muynoticias.com por el AUDIO que publicamos el día 29 de mayo de 2.011 sobre el misterioso suceso de los ataudes de Edimburgo y en el que no os quisimos adelantar nada de su argumento para que escuchaseis el podcast íntegro, os contaremos la historia sintetizando para los que no tenéis tiempo y necesitáis saber qué sucedió en esta preciosa y a la vez enigmática ciudad llena de historia y misterio que data del siglo XIX (concretamente en el año 1.827) cuando unos niños encontraron unos mini ataúdes enterrados en una montaña de la capital de Escocia  mientras jugaban ingenuamente a buscar conejos.

Todo indica que jugando encontraron unas losas donde había una pequeña oquedad en la que, justo debajo, habían 17 mini ataúdes a los que no les dieron mayor importancia llegando incluso a romper parcialmente algunos sin saber cual era su contenido.

Los muchachos, sospechando que aquello debía ser inspeccionado por algún experto,  llevaron los ataúdes a su profesor de matemáticas para ver si podía explicarles el significado del hallazgo, abriendo éste las cajitas con un cuchillo de cocina y descubriendo una especie de muñequitos del tamaño de un dedo con los ojos muy grandes y una mirada perdida realmente espeluznante.

El profesor, un tal Ferguson residente en la ciudad de Edimburgo, puso esto en conocimiento de una sociedad arqueológica a la que él pertenecía y empezaron a hacer unos primeros estudios, dándose cuenta de que estos muñecos se hicieron a partir de unos soldaditos de madera hechos por algún artesano que los talló y adecuó para que encajaran perfectamente en los ataúdes, aunque en los detalles se apreciaba que no fue exactamente un profesional de la materia.

Cambiamos radicalmente de tema pese a estar completamente relacionado con la historia y pasamos a hablar de Burke y Hare... Estos dos personajes fueron dos inmigrantes Irlandeses que por aquella época fueron acusados en la ciudad de Edimburgo de cometer una serie de asesinatos que más tarde llevarían a uno de ellos directamente a ser juzgado, asesinado y diseccionado en público.

La historia comienza en la Universidad de esta misma ciudad cuando la facultad de medicina forense empieza a tener problemas con el suministro de cadáveres y ofrece cifras astronómicas por un cuerpo fresco, momento en el que Burke y Hare aprovechan para ir al cementerio y robar cuerpos de fallecidos para beneficiarse de esta circunstancia.

Los propios alumnos empezaron a sospechar porque llegaron a ver incluso conocidos y  familiares recientemente fallecidos en la mesa de operaciones, corriéndose la voz por la ciudad y obligando a los afligidos a montar guardias en el cementerio para evitar el expolio, incluso se llegaron a crear salas de putrefacción para, una vez comprobado que el cadáver estaba inservible, enterrarlo dignamente pero a 9 metros de profundidad por si acaso.

Esto obligó a los delincuentes a cambiar de táctica y directamente pasaron a seleccionar a sus víctimas; gente sana, deportistas y personas sin familia con gran valor económico para los médicos sin escrúpulos que pagaban bien y preguntaban poco.

No fue muy difícil que las autoridades descubrieran este mercado negro de cadáveres, sin embargo, los dos traficantes de cuerpos tenían sus coartadas bien definidas y resultaba casi imposible inculparlos, por lo que el Juez encargado de este caso propuso a Hare contar los hechos pero responsabilizando a Burke.

Dicho y hecho, sin escrúpulos, Hare relató todos los crímenes como si los hubiera cometido su compañero de fechorías llevándolo directamente a la ejecución y su posterior análisis en la facultad de medicina (curiosa paradoja), confirmando además que justamente fueron 17 las personas asesinadas.

Por supuesto, Hare tuvo que abandonar la ciudad al igual que el médico que compraba los cadáveres ya que la multitud enfurecida quiso juzgarlos por su propia cuenta y es precisamente ahora cuando retomamos la historia de los ataúdes...

Se dice que Hare nunca pudo asimilar los atroces crímenes que cometió y quiso rendir una especie de homenaje a las 17 víctimas enterrando los ataúdes para que sus almas descansaran en paz.


Fuente: Ivoox.com